13/11/201705:00:19

Respirar y política

Heberto Taracena Desde acá

Desde acá

13/11/201705:00:19

Hacer política es como respirar: a lo que, por cierto, no se nos enseña; como si todo se lo (en)cargáramos al animal de que hablaba Aristóteles en la “Prepa” por voz cadenciosa del filósofo tabasqueño Lic. Eduardo Alday Hernández. (¡Ah, gran señor¡)
Naturaleza no es todo. Ocupa una parte, imprecisa, en el ser humano; pero no es el ser humano en su integridad. Es un fragmento básico, nada más.
El entorno es la agregación no menos substancial e inevitable de que estamos (con)formados entre aciertos y errores.
Naturaleza y entorno, quizá no empatados pero en su debida proporción, están porque sí como para conjugar un proyecto personal digno de análisis en la práctica.
No se nos enseña a respirar mejor, indebidamente; de manera que a simple vista podemos hacerlo con la boca o la nariz, como si fuera lo mismo cuando que no.
Respiramos a la buena de Dios, decúbito dorsal o ventral, sobre el brazo izquierdo o el derecho al echarnos a la cama.
Luego amanecemos con la boca reseca, el brazo izquierdo o derecho agarrotados; pero a la noche siguiente caemos en idénticas posiciones.
Al final, no sabemos ni a qué hora conciliamos el sueño. La mañana y obligaciones nos dicen qué tal nos fue.
Buscamos un sedante para pasar el día como Dios manda. Así una jornada y otra.
El conflicto o complemento entre la naturaleza y el contorno tienen que darse a corto plazo. Pero nos acostumbramos a rutinas y ahí transcurre la vida de medio pelo, no como quisiéramos por…
¡Qué agradable día cuando se ha pasado una noche placentera! Pero eso no ocurre ni todos los días ni todas las noches. Lástima que sea de vez en cuando.
La vida es una. Quién haya vivido otra, anterior, no está para contarlo, respetando creencias de toda índole.
Tú puedes creer en lo que quieras, vida o muerte, bien pensadas las cosas como suelen llamarse; pero no vas a privarme de creer en lo que yo pretenda no a capricho sino respaldado en mi libre albedrio.
De suerte que en eso de creencias se rompen géneros o lo mismo se construyen imaginerías que a veces enredan.
Cada quien hace de su libre albedrio lo que no sabe pero lo siente de pies a cabeza. De saberlo tendría cada cual más cálculo y cuidado. Basta con sentirlo. No se nace sabiendo.
Se succionan los senos de la bendita madre por instinto placentero. Ello es anuncio de vida y supervivencia necesarias. Nadie enseña al niño a mamar. Tampoco al cenzontle a hacer su primoroso nido.
El instinto generacional se impone o la especie desaparece. Tampoco se nos enseña a respirar o hacer política, aunque escribirlo parezca, a la ligera, ramplona digresión.
Es corriente caer en vulgaridades de las cuales nadie pueda sentirse lejos. Están cercanas a nosotros y son parte de nuestra natural levadura.
Respiramos por contacto instintivo, nada elegante, que si lo hacemos con la nariz mejor que menor.
Con la advertencia de que la vida no es excepción sino regla y, por tanto, olores y sabores van tan juntos que en principio se dan como la moral y la ética, indistintamente, una entre reglas y otra marcando el paso de la conciencia.
Pero, ¿cómo se da la política en el ser humano?
Por el sólo hecho de serlo. Nada nuevo y al contrario desapercibido por “actores” y actrices” en cómoda paridad.
Obligar a la mujer a ser par del hombre es degradar lo que ella ha ganado de varias décadas para acá, por propia cuenta y riesgos aprendidos con muy buena calificación.
Con la diferencia entre que a manar se va aprendiendo y en eso de aprender de la política nos vale sorbete.
No cualquiera mama para vivir, pero sin mamar la vida no podría darse al menos al primer semestre de la criatura según sostienen doctos y profanos.
En cambio en el trance, que lo es, de la política, ahí te la puedes ir nadando “al vivito” para ver al final qué ramas puedas engancharte como hace el “cuaja cabeza”. Luego entonces, todos respiramos, por la boca o por la nariz, aunque contadas personas hagan política con sentido natural y cultural. Quiero decir, sintiéndola, aprendiéndola y poniéndola en práctica, para servir, no para despacharse con la cuchara grande.
Para qué decir más. Al mal entendedor, ni un cerro de palabras.
Tantos y tantos malos entendedores que dan grima…Por los Partidos Políticos que se atreven a encuestar pacotilla en paridad. Por el pueblo que tiende, a propósito, a seguir contaminándose.
Ah, eso de respirar y hacer política tiene sus bemoles, como dijera mi maestro de solfeo Eugenio Flores a principio de los sesenta, con el texto D. Hilarión Eslava…” Música es el arte del bien combinar el sonido y el tiempo…”
Sonido y tiempo que no cuidamos al respirar, y menos en el (des)correr aparatoso de la política.