17/04/201705:00:44

Rescoldos de la semana

Desde acá

La Semana Mayor concluye. Los rescoldos quedan dispersos aquí y en China. ¿Qué pasará en la que iniciamos este domingo y las siguientes del año? Hasta la pregunta es necia, dijera mi abuelita. El hombre seguirá dándose por toda la torre en baños de pureza, a ver si esto no es el arranque de la Tercera Guerra Mundial en la que “sálvese quien pueda” resulte ser el grito ignorado de niños y adultos. Ya vemos muestras de lo que puede seguir. Dios nos libre o por lo menos nos agarre confesados. Pero, ¿Por qué echar el cargamento humano a Dios? ¿Meditarían acaso nuestros políticos aspirantes a “seguir en la brega”, al menos por cinco segundos, sobre lo tanto que hay por revisar y rectificar de veras? El exceso de información nos está crucificando. De tanta que es, nadie puede decir que no le llega esta o la otra noticia o imagen de cerca y de lejos. Cuando menos por encima del hombro vemos con cierto espanto fotografías de niños masacrados por la tecnología de la guerra y bombas madres que por sí solas valen una millonada de dólares, nada comparable al rictus de dolor de infantes. En el rancho observé que una camada de gansos recién nacidos cuenta con la más celosa protección de sus progenitores. Lo mismo que hace una furiosa gallina. Una vaca. Una hiena. Ni un perro ni una persona se les podrá acercar, porque sobre aviso no hay engaño y cualquiera de ellos, en su natural papel de mayores, puede picotear o hacer añicos al impertinente. En la morada humana mora lo contrario: la indiferencia, sin perdón de la palabra. Cuándo como el celo del par de gansos. El ser humano es más productivo que los animales, obvio; pero en lo tocante a cuidados ellos nos ganan dicho y hecho a vuelo de pájaro. Es poca o nula la guarda que, a cierta edad, el hombre (la mujer) deviene con los hijos y el abandono da como producto esta delincuencia dominante que nos carcome por parejo. Tales sujetos nacieron de una pareja, accidentalmente, como se da el misterio de la vida aún en las circunstancias que digamos más amorosas. Nadie encarga a un bebé. Este se da porque sí. Natura gana. Inteligencia es el placer. En muchas ocasiones la madre se encarga de todo el embarazo y los primeros años. En otra, el padre participa hasta cierto límite. Pero es dolorosamente cierto que en número incontable de familias las desavenencias se dan a menudo, traducidas en indiferencia a partir de que la criatura parezca bastarse por sí sólo. De ahí la cosecha de malhechores. Viene de familia o por lo menos de parejas que no saben ni hacen el mínimo esfuerzo por entender y poner en práctica el papel que ha faltado a su inteligencia. Porque, en efecto, de la casa se nos da todo lo malo y lo bueno que en debida proporción inevitable traemos al ambiente en que nos conducimos. Eso está hablado y escrito hasta el cansancio. A tanto cansancio que entre echarse la culpa padres, maestros y autoridades, se agota la vida en cualquier momento sin que estos tres agentes puedan buscarse, tomar acuerdos, respaldarlos en su ejecución y evaluar sobre la marcha resultados que tendrían que darse, cómo no, partiendo del elemental punto de que cuando nada se hace, nada se logra, que es el caso, y si algo compartimos, algo logramos, lo que al final es preferible a nada. Esta Semana Mayor no fue nada más de buenas noticias. La maldad poderosa hizo lo suyo. No dio tregua. Se encajó en la humanidad tratando como siempre de justificar acciones espeluznantes. Pero la Semana, así en mayúscula inicial, bien y mal, llegó a su fin... Hubo autoridades locales re buenas gentes que la concedieron toda de asueto a la bendita burocracia, autoridades cuyo deterioro económico y moral es patente. Pero con todo, nos ilustraron con el ejemplo para que el año entrante se repita el hecho y por añadidura en todas las administraciones siguientes. Bueno, pero aún quedan ocho días de vacaciones escolares. Tiempo para asentarse y tomar el lunes de inicio de clases sin la modorra de las siete de la mañana que impone el incómodo nuevo horario. Que el ánimo no decaiga, pase lo que pase. Está en cada uno de nosotros aprovechar al máximo esta maravillosa oportunidad que es la vida, al menos por hoy. Que del rescoldo mundial hagamos cenizas fertilizantes por nuestros hijos y nietos, herederos de consecuencias inimaginables.