15/05/201705:00:57

Realidad… rebasada

Heberto Taracena Desde acá

Desde acá

15/05/201705:00:57

Si trabajas, si produces, eres una tentación casi inminente, a pedir de boca: estás provocando a la delincuencia, sin más temeridad ni atrevimiento que trabajar y trabajar. ¡Qué perdón merece la redundancia!
Trabajar es una estímulo para caer más temprano que tarde en lo inevitable y “progresivo”. Ahora digo sin ironías.
La tentación punzante de trabajar da condiciones para que la delincuencia a su vez se sienta “provocada” a sacar el mayor provecho. Tampoco es ironía. Es simple realidad…rebasada.
La delincuencia es atraída además minuto a minuto por su elemento consanguíneo, el desorden. Esta y aquélla, mandamases en el barrio que su “logística” decida.
El desorden nos toma la medida exacta, y ahora mismo, de “mal” tiempo para acá, gana y atropella fríamente igual al ciudadano avispado que a la autoridad aparentemente alerta.
La ventaja del desorden van en contra de “todos y cada uno “ en cualquier lugar y hora. Vaya, si hasta al interior del otrora dulce hogar.
La hora es lo de menos. Que nadie esté a salvo del golpe es parte de nuestras endebles aptitudes en educación y competencias.
Educación y competencias resultan incapaces y de ordinario quedan boquabiertas y exhibidas.
Porque llueva o no, sea día del trabajo, de las madres, de los maestros o de los burócratas, lo común es en gran porcentaje el no haber clases ni trabajo. Mayo hace prueba plena de calor…y holganza. ¡Viva!, dijera el Poeta Vicente Neirae en La Guaja..
Entre tantos vacíos y faltas de asistencia qué estamos esperando sino que de malas a primeras una serie de vacíos nos cierre el oxígeno.
De tanto esperar, la inseguridad se apodera de espacios, autoridades y personas, al parecer irremediablemente.
Cuando la gente cae en la incertidumbre la delincuencia goza y no se da punto de reposo en operar como demuestra sabe hacerlo…por habérselo permitido.
Ningún delincuente provoca a la autoridad, ni que fueran cosas del otro mundo. Actúan, dan el golpe y san se acabó. Están en su papel y vaya que lo desempeñar preciso.
Pero que “ella” tiene su propia logística queda de manifiesto al meterse en terrenos de la propia autoridad cuantas veces quiere y puede porque puede. Acaso no. La Ciudad de Cárdenas ha sido el escenario más de una ocasión.
Que allane domicilios se ha vuelto por lo mismo común y corriente, casi fuera de toda nota.
Ella misma no deja de llamar la atención, que es parte de su ganancia junto al muerto o los muertos que se lleve por delante, aunado a todo cuanto esté al alcanza de sus manos en los minutos largos de sus maniobres.
Entender esa realidad no es suficiente cuando ësta, la realidad, se acuesta y se levanta dando traspiés, rebasada, haciendo casi excepcional aplicar medidas oportunas. La regla es otra.
Lo que significa que, además de su tamaño, la realidad nos dice que no podemos frente a ella, con independencia de aceptarla o no. La realidad se nos impone a rajatabla, meramente.
--Qué hago así, comentaba un joven en reunión de Diez de Mayo. De qué sirve darse cuenta del tamaño de esta realidad dolorosa, si con ello no sentimos estar asumiendo el papel que nos “corresponde” incluidas autoridades...
--Por si fuera poco –decía otro- hay sentimientos encontrados que evitan así comprar el probma.
--¿Cuáles?
--Uno, la incompetencia que salta a la vista; dos, el bajo nivel educativo; tres, la incomunicación. Pues cualquiera es policía municipal, cualquiera tiene un “título” por lo menos de “técnico” y más si el cargo le vino de haber sido recomendado por ex presidentes municipales.
De ese tamaño, tanto, que el miedo se ha apoderado de familias enteras. Temen sus miembros dar un paso fuera de la casa. Nada de visitar el rancho tradicional. Miedo hasta en la misma casa, aunque sea que a la hora de dormirse cada puerta quede herméticamente atrancada.
Y sin cesar caemos en lo mismo:
Mientras que las autoridades responsables de la seguridad pública no tengan la capacidad de escuchar al ciudadano, esto puede seguir de mal en peor, entre mucha gente que no sabe a dónde ir con tus maletas y otros muchos resignados a morir en la tierra generacional.
A la delincuencia, desde luego, conviene que haya tantos vacíos y ese rompimiento entre la autoridad y el ciudadano.
La delincuencia sigue avanzando. Nosotros a la expectativa. La realidad, por muy conocida y entendida, rebasada… por hechos que nos hacen vernos y sentirnos de la patada, por decir lo menos. Sin andar de chillones.