20/04/201705:00:28

La fábula del Guernica

José Alberto del Rivero

20/04/201705:00:28

La primera vez que escuché del Guernica fue en voz de Luis León Juan, —mi futuro suegro— quien contaba con 17 años cuando los republicanos pasaron por él a Domeño, una municipalidad cerca de Valencia. La plática llevó aparejada un arma Luger que se la había arrebatado a un alemán y orgullosamente mostraba a su futuro yerno —intuí que lo hacía para intimidar o presumir—. Con el tiempo de mi matrimonio me fui enterando de las vicisitudes y andares de mi suegro durante la Guerra Civil Española que algún día narraré.
¿Qué es El Guernica? Es la afamada obra del pintor Pablo Ruiz Picasso, realizada por encargo del gobierno de la República Española. Transcurría el año de 1937 en París, cuando el artista, alejado del ambiente político, comenzó a imprimir en cada trazo sus sueños y sus propias percepciones. Poco a poco, la reciente tragedia ocurrida en una villa del País Vasco en donde fallecieron personas inocentes a causa de un bombardeo aéreo, lo condujeron a plasmar la furia y el horror, transformando este lienzo en un instrumento para el ataque y la defensa en contra del enemigo. Finalmente, este cuadro se convertiría en un emblema que refleja las cicatrices de la Guerra Civil Española y la denuncia de una realidad motivada por el horror de los gobiernos dictatoriales y la injusticia.
Más allá de la obra de Picasso, encontramos un símbolo que “nació de la tierra, que se fue creando con la historia y que hoy representa a las libertades vascas” (RTE, 2010). Se trata del “famoso roble de Guernica —el viejo y seco tocón de 600 años de edad y sus retoños de este siglo— donde los reyes de España solían jurar respeto a los fueros democráticos de Vizcaya y a cambio recibían la promesa de lealtad como señores feudales con el título democrático de Señor, no de Rey de Vizcaya” (Steer G., 1937). Un árbol que quedaría intacto mientras todo a su alrededor estaba siendo consumido por las llamas aquella tarde del 26 de abril de 1937, un día fatídico para Guernica, que representaba los fueros del pueblo vasco desde la Edad Media, donde tuvo lugar la operación Rügen “un bombardeo aéreo masivo —bombardeo en alfombra— sobre la ciudad con el objetivo de destruirla, realizado por la Legión Cóndor de la Luftwaffe alemana con el apoyo de la Aviación Legionaria italiana. Tanto Alemania como Italia combatían a favor del ejército sublevado, el denominado bando nacionalista, del General Francisco Franco. El otro bando era el del gobierno de la segunda república de España, el cual contaba con el apoyo de la Unión Soviética […] Durante tres horas y media, Guernica fue atacada indiscriminadamente con bombas incendiarias y explosivas. Se desconoce la cifra real de muertos, las estimaciones están entre los cientos y los miles de muertos. […] La Operación Rügen fue un ensayo de la estrategia que emplearía Alemania en la venidera guerra mundial y que llevó a la muerte de civiles inocentes y a la destrucción de una ciudad entera, reflejo de la crueldad de la que es posible el ser humano.” (Berg Institute, 2017, p. 9).
Al cumplirse 80 años de estos lamentables acontecimientos, “Guernica es una lección pendiente. Los autores de aquel crimen de guerra, empezando por el jefe de la Legión Cóndor, teniente coronel Wolfram von Richthofen, fueron aclamados como héroes en la Alemania nazi, y los que todavía viven —si es que viven—disfrutan de un apacible retiro. Como dijo Hermann Göring en el juicio de Nuremberg: ‘La guerra civil española me brindó la oportunidad de probar mi joven aviación, y a mis hombres les permitió adquirir experiencia’. […] Este crimen de guerra no fue el primero ni el último del siglo XX. En 1915 Winston Churchill ordenó los primeros bombardeos con armas químicas contra poblaciones civiles en Iraq. Después de Guernica hubo otras ciudades mártires como Coventry, Hamburgo, Dresde, Hiroshima o Nagasaki. Después de España, toda Europa. Después de Europa, Asia, de Palestina a Corea, de Vietnam a Camboya. Los Guernicas de hoy se llaman Gaza, Tel Afar, Faluya, Samarra y Nayaf, así como Grozni o Kandahar. Los aviones que escupen las bombas mortíferas ya no llevan la cruz de hierro, sino las enseñas de los países democráticos. El lugar de los rojos enemigos de Dios contra los que decían luchar Franco, Hitler y Mussolini para salvar a Occidente, lo ocupan hoy los islamistas y el eje del mal, que según Bush ayer y hoy, Trump, auténtico Hitler de nuestros días, va de La Habana a Pyongyang, pasando por Caracas, Beirut, Damasco, Jartum y Teherán. Y la comunidad internacional, antaño paralizada ante el martirio de Etiopía y España, hoy en día, ante el martirio de Palestina, Iraq y Afganistán, está peor que paralizada, es cómplice de los cientos de Guernicas que se repiten ante nuestros ojos cansados, día tras día” (Giudice F, 2007). Ahí tenemos el genocidio yaqui durante el Porfiriato, “la masacre cometida contra el pueblo armenio, iniciada por el pueblo turco a partir de 1915, el exterminio de comunidades judías y gitanas por el nazismo alemán antes y durante la segunda guerra mundial, las matanzas étnicas de Ruanda” (Taibo I., 2013, p. 235-236), el genocidio maya en Guatemala, los crímenes cometidos durante la guerra de los Balcanes en los años noventa del siglo pasado o los recientes ataques hacia los territorios de Yemen y Siria.
A esta lista debe agregarse la serie de eventos que se suscitan en México que tanto vulneran nuestras libertades. En este siglo, el saldo de víctimas es de una gran magnitud, son tantas como las que se producen en cualquier guerra, afectando a miles de mexicanos inocentes. La impunidad ha abierto el camino a la corrupción institucionalizada y como consecuencia de ello, nuestros derechos humanos se ven afectados por los problemas de gobernabilidad y debilidad institucional. Los resultados de la guerra contra el narcotráfico han encaminado a México a una grave crisis humanitaria. Son diversos los actores políticos que ejercen la violencia y la corrupción galopante, y de la misma forma, diversas son las amenazas a los derechos humanos. Miembros del ejército, la marina, la policía municipal, estatal y federal han sido responsables de violaciones de derechos humanos graves y generalizadas, cometidas en el contexto de operaciones de lucha contra la delincuencia y que han hecho posible el surgimiento del Guernica con el FOBAPROA, el Guernica del Ejército Zapatista, el Guernica de Aguas Blancas, el Guernica de la Guardería ABC, el Guernica de los 43 estudiantes de Ayotzinapa y otros más que se avecinan. No es posible saber cuándo concluirá esta etapa violenta de México, mientras tanto seguiré cuestionándome ¿cuántos Guernicas más tendremos en nuestro país? Hoy ese roble del País Vasco lo identifico con nuestra ceiba, por lo que vale preguntarnos ¿cuántas ceibas quedarán intactas para que se pueda ver la justicia? o ¿acaso tendremos que derrumbarlas para terminar con la corrupción e impunidad?