14/11/201705:00:12

El déspota americano

Alberto Aziz Nassif Alberto Aziz

Alberto Aziz

14/11/201705:00:12

Una persona que gobierna mediante el abuso de su poder y quiere imponer su autoridad por encima de las leyes, ejerce un tipo de despotismo. ¿Qué tan cerca está Trump de ser un déspota?
En sus primeros 10 meses de gobierno el inquilino de la Casa Blanca ha querido hacer del despotismo su forma de gobernar. Históricamente el despotismo tuvo como consigna “todo para el pueblo, pero sin el pueblo” y algunas de sus modalidades se consideraban ilustradas, sobre todo por la inclinación de ciertos monarcas a la cultura. Sabemos que el trumpismo es lo más alejado a cualquier ilustración y lo más cercano a una derecha supremacista, xenófoba y ultranacionalista. ¿Una suerte de despotismo americano en pleno siglo XXI?
Desde la amarga noche de 8 de noviembre de 2016, cuando Trump ganó la elección indirecta, no ha dejado de sorprender y, sobre todo, de escandalizar. Su administración ha estado plagada de tuits que amenazan, decisiones ejecutivas que rompen, declaraciones que intimidan, caprichos despóticos, gestos que muestran a un personaje vulgar y cientos de mentiras como discurso político (documentadas por The Washington Post). Estados Unidos tiene un presidente que todos los días da la nota en su país y cuando está de gira, provoca escándalos. La prepotencia es su estilo, igual le jala la mano a Macron, que palmea al emperador japonés.
Desafortunadamente no todo es estilo y escándalos, sino decisiones que afectan a millones de personas. Trump quiere imponer su voluntad despótica, pero los contrapesos institucionales, sobre todo del poder judicial, detienen algunas de sus locuras, como el bloqueo migratorio a un grupo de países de mayoría musulmana. También están los cálculos legislativos de algunos republicanos moderados que han detenido la destrucción del sistema de protección de salud conocido como Obamacare. Las investigaciones sobre el expediente ruso de intervención en la política interna de Estados Unidos, es una sombra que persigue a Trump y que hasta la fecha no lo ha podido alcanzar. Pero, fuera de eso, lo demás ha sido ordenar y destruir para imponer una visión del mundo completamente regresiva.
Trump manifiesta cotidianamente una obsesión por acabar con una democracia que ya se encuentra en un estado delicado, sobre todo por la incidencia del dinero en la política. La regresión que genera Trump ha sido muy grave. El color de la piel ha vuelto a ser un factor de ruptura, y las antorchas racistas del Ku Klux Klan se han encendido de nuevo. La amenaza de una guerra nuclear con Corea del Norte ha escalado la tensión internacional. Los intentos por acabar con el Obamacare, fallidos hasta el momento, afectan a un sector de bajos ingresos que se calcula en 20 millones de beneficiarios. La terminación del programa que amparaba a los dreamers hace insoportable la vida de cientos de miles de jóvenes que pueden ser deportados en cualquier momento, salvo que el Congreso legisle favorablemente sobre este programa creado por Obama.
Se había tardado, pero ya restringió el derecho de los estadounidenses para viajar a Cuba. Además, canceló la posibilidad de que personas transgénero se puedan incorporar a las fuerzas armadas. Su reforma fiscal para bajar impuestos a los más ricos, llevará a una mayor desigualdad. Su apoyo a la industria armamentista es un golpe que lastima con cada matanza. Tragedias sangrientas que en las últimas semanas se han vuelto una constante en ese país. Sigue el registro de múltiples peleas, con la prensa crítica, o la polémica que estableció con los jugadores afroamericanos de la NFL por su forma de inclinarse durante el himno nacional. Se acumula una lista de decisiones que afectan a nivel planetario, como el abandono de los acuerdos medioambientales de París; la salida del TPP, que sigue adelante sin Estados Unidos, y la amenaza constante de terminar el TLCAN.
Las elecciones del pasado 7 de noviembre son una advertencia para los republicanos, el triple triunfo demócrata (Nueva York, Virginia y Nueva Jersey), junto con el índice de reprobación del 59% sobre Trump (Pew Reserch Center, 02/11/2017), pueden ser expresiones de que el trumpismo despótico está en decadencia y se debilita. Ojalá…