13/03/201705:00:33

Un día sin… ¡árbitros!

Gabriel Guerra Castellanos

13/03/201705:00:33

En recuerdo de Jesús Silva-
Herzog, hombre de bien

Dicen que decía el muy extrañado Carlos Monsiváis que para entender correctamente a México era necesario ver futbol, seguir las telenovelas y venerar a la Virgen de Guadalupe. Como tantas de sus frases ingeniosas, esta tenía profundidad y era cierta, al menos en lo que al futbol respecta.
El deporte más popular del mundo lo es también en nuestro país. Observe quien quiera el tamaño del negocio y olvidará cualquier otro argumento: el futbol mexicano es toda una industria que combina lo deportivo con el entretenimiento con lo comercial con lo publicitario y, por supuesto, con lo político.
Este fin de semana pasado la liga mexicana de futbol se vio obligada a suspender todos los partidos de la jornada porque los árbitros hicieron un paro de labores en protesta porque dos jugadores que agredieron a silbantes en partidos recientes recibieron sanciones menores a lo que el reglamento indica.

Se preguntarán tal vez ustedes por qué me importa eso, por qué escribo de deportes y patadas en vez de política internacional o la crisis de inseguridad o de la corrupción e impunidad en nuestro país. A los futboleros entre ustedes les llamará la atención que salga en defensa de los personajes más impopulares en los estadios, es decir los árbitros.
Lo sucedido rebasa con mucho lo futbolístico y se conecta con uno de los grandes males de nuestro país: la ausencia de un Estado efectivo de Derecho, el descrédito de las instituciones y la falta de respeto de los particulares a las leyes, las instituciones y a la autoridad.

Muchos opinan que la culpa es de los árbitros. No dudo que, en efecto, muchos errores arbitrales no solo sean frustrantes para jugadores y aficionados, sino también perjudiciales para los clubes. Pero hay una contradicción inherente en culpar a las víctimas de una agresión.
¿Cree usted que el asunto es baladí, caro lector? ¿Que a los pobrecitos agresores hay que perdonarlos porque “se calentaron” en el juego? ¿Que es permisible darle un cabezazo a un árbitro sin tener los suficientes pantaloncillos para aceptar el castigo que eso conlleva?
Los réferis deportivos en cualquier disciplina son la máxima autoridad. Punto. La obligación de los deportistas es no solo cumplir las reglas, sino también respetar y obedecer a la autoridad.
Pero somos un país en que cada quien siente que está por encima de las normas y de las leyes que aplican a los demás. Un país en el que futbolistas y directivos no se dan cuenta de las terribles implicaciones que tiene para los niños y los jóvenes ver cómo los influyentes ignoran sus propias normas cuando así les conviene, cómo sus mal llamados ídolos son en el fondo barbajanes.
El sábado dediqué varios tuits a señalar mi apoyo a la decisión de los árbitros, mi gusto por ver que alguien se levantó a exigir respeto a las leyes y las normas y no a lo contrario. Recibí muchas respuestas muy críticas u ofensivas hacia los árbitros, otras justificando a los agresores porque los silbantes se lo habían “ganado”.
No soy de los que desean un mal a otros, así que expreso esto de manera sincera: ojalá que a ninguno de quienes así piensan le toque que un día su hijo o su sobrino los ataque en vez de solo desobedecerlos. Ojalá nunca tengan que recurrir al policía que cotidianamente ofenden o ignoran para pedirle auxilio.
Porque cada vez que permitimos o promovemos la agresión a las autoridades, a las instituciones, estamos enseñando que ese, el de la violencia y la barbarie, es el camino. Y yo no puedo estar de acuerdo con eso, aunque para aprenderlo me tenga que tragar como sapos todos los gritos que alguna vez lancé en un estadio contra un árbitro.
A ellos, como símbolo de la autoridad que son, mis respetos. Y como ciudadanos valientes, todavía más.